domingo, 14 de junio de 2009

Treguas de unas horas.



No me apetece hablar más alto, de hecho ni siquiera me apetece hablar. Se está cómodo así. Ni bueno ni malo; cómodo. Hoy lo único que me apetece es quedarme sentada a oscuras en la cama, escuchando canciones que ya me sé de memoria, con el flequillo revuelto delante de la cara y haciendo esas os con el humo que nunca me han salido del todo bien. Hoy no me apetece enfrentarme al mundo, ni siquiera a mí misma. He firmado un tregua con lo que quiera que se revuelve dentro de mí. Hoy no quiero que nadie mi abrace, ni que nadie me haga abrir los ojos. Porque el no necesitar a nadie no signifca forzosamente que ya ni sientas ni padezcas, no significa que te hayas puesto la coraza, aunque la mayoría de las veces sepas que es así. A veces cuando no necesitas a alguien, cuando no echas de menos que alguien aparezca y te lleve lejos de todo, no significa que una parte de ti haya muerto. A veces significa, sencillamente, que durante unas pocas horas, unos pocos días, has logrado estar en paz. Que durante unas pocas horas has logrado dejar de depender de cosas que nunca han estado a tu alcance.

sábado, 13 de junio de 2009

Echo de menos... nada.



Echo de menos la cama revuelta. Los minutos que trepaban por tu pelo. Las medias sonrisas y las lunas llenas. Echo de menos tu voz al teléfono. Tu respiración fuerte. El crujir de tus tostadas, tus zumos de naranja, tus malos despertares. Que aparezcas por sorpresa. Echo de menos los latidos apresurados, los botones de tu camisa, enredar el tiempo en tus manos. Tu risa. Las noches sin dormir, tus manos en mi espalda, la almohada compartida. Tu mal humor de los lunes, tu café de las tres. Que me lleves la contraria, que me hagas cosquillas, que me abraces. Pero ya no quiero que vuelvas a aparecer por sorpesa nunca. Suena contradictorio, verdad? Echo de menos tantísimas cosas... pero tú, precisamente tú, ya me sobras.

sábado, 6 de junio de 2009

No más silencio


Me he dado cuenta, tarde, de que tengo algo que decirte. O quizá solo estoy buscando una excusa para decirte algo que pensé desde el principio. Pero ya no encuentro ni un sólo motivo para que el silencio siga arañando las paredes entre las que no recuerdo haber sido feliz ni un sólo minuto.

De nada sirve alargar todo esto. Al igual que de nada sirve buscar una solución, porque no la tiene, nunca la tuvo. Y de verdad que siempre pensé que mientras exista una sóla posibilidad, una entre un millón, o entre dos, o entre tres, merece la pena intentarlo, pero es que la situación me supera. Deberías darte cuenta de que no has hecho las cosas tan bien como creías, de que los dobles sentidos y los dobles sentimientos generan dobles dudas. A tu lado he dudado sobre quién soy, pero nunca sobre qué quería, porque me bastaba con apoyar la cabeza en tu pecho para encontrar las respuestas, enredadas unas con otras. Pero tú, tu nunca has sabido sonreír a tiempo, nunca has sabido quién eras, nunca has sabido lo que eras a mi lado. Respirabas humo de tabaco mientras yo respiraba tu aliento, y mientras tú enredabas mis hilos yo enredaba al tiempo para que estuvieras a mi lado un día más. Mi almohada ya ha aprendido a dormir sin ti. Y yo, aunque sigo sin saber quién soy, sé que nunca más seré contigo.